22 julio, 2007

Herminio Almendros


He terminado de leer “Diario de un maestro exiliado (Barcelona, 1939 – La Habana, 1940)” de Herminio Almendros, publicado por la editorial Pre-Textos en 2005. Es un libro con una exquisita edición a cargo de Amparo Blat y Carme Doménech, que tiene como referente el diario que el pedagogo español Herminio Almendros escribe y lleva consigo desde su salida de Barcelona hacia la frontera de Francia hasta su llegada a Cuba. Es un testimonio de primera mano en los tiempos convulsos de la Guerra Civil española, sobre las vicisitudes y penalidades de los que tuvieron que exilarse por motivos ideológicos. Abre el libro un ameno e interesantísimo estudio de Amparo Blat y Carme Doménech sobre la vida de Almendros y del tiempo que le tocó vivir, a la vez que reivindica la valía y la talla intelectual y humana de este gran renovador de las prácticas escolares en la rancia escuela española de los primeros años del siglo XX.

Herminio Almendros nace en Almansa (Albacete), mi ciudad natal, en 1898. Estudia Magisterio en la escuela Normal de Alicante y posteriormente ingresa en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en Madrid, hecho de gran importancia por su notable influencia y por las personas que allí conocería como Alejandro Casona, Ferrater Mora, Cossío o María Cuyás que más tarde sería su esposa.

Almendros hizo suyas las propuestas de la Institución Libre de Enseñanza y las llevó adelante con gran entusiasmo y tenacidad. Su primer destino fue la localidad leonesa de Villablino. En 1928 es nombrado inspector de educación en la provincia de Lérida. Dice Almendros: ¿Qué podría yo hacer por aquellas escuelas pobres, descuidadas, que el Estado no atendía y que el caciquismo municipal despreciaba? Señalan Amparo Blat y Carme Doménech: “Almendros sabía que con su tarea de inspector debía contribuir a mejorar la realidad educativa y que, para ello, debía ayudar a los maestros a encontrar y a utilizar nuevas formas de enseñanza y nuevos caminos que pudieran facilitar el aprendizaje de los alumnos”, “ ...Pronto se manifestó contrario a la rígidas y aburridas pautas que los alumnos se veían obligados a seguir para aprender a leer y escribir”.
Más tarde toma contacto con Freinet, se interesa por sus técnicas y recibe de éste una de las imprentas que había construido en la escuela y textos impresos de sus alumnos.
En 1931 es nombrado inspector en Huesca, participa con Alejandro Casona en las Misiones Pedagógicas impulsadas por el Gobierno de la República, en 1932 consigue al igual que su esposa una plaza de inspector en Barcelona, y en 1936 es nombrado inspector jefe de la provincia. En 1939, ya al final de la Guerra Civil, inicia el camino del exilio con 40 años, debe dejar a su esposa y a sus tres hijos. Diversas circunstancias le llevan a Cuba donde sobrevive como puede con traducciones, clases particulares, conferencias y la ayuda de algunos amigos. En 1949, después de diez años de separación se reúne con su mujer e hijos en La Habana, donde sería nombrado asesor del Ministerio de Educación, profesor de la Universidad de Oriente y con la llegada de la Revolución fue nombrado director general de Educación Rural. Herminio Almendros falleció en 1974.

Un libro imprescindible, excelente, muy cuidado, con el testimonio de un gran intelectual apenas conocido en nuestro país, renovador de la educación en España y Cuba, su gran interés por el aprendizaje de la lectura y escritura le llevó a escribir para niños y jóvenes.

Nota:
En la elaboración de este artículo he utilizado fechas y datos aportados por las autoras.

2 comentarios:

José Rico dijo...

Lo leeré si tengo la ocasión. Me gusta saber que hay gente interesada en el tema de la ilustración y con el arte en general. Saludos desde Onil

Pedro Villar Sánchez dijo...

Amigo José, gracias por tu comentario. Me interesa el arte y en su vinculación con el libro infantil tengo especial predilección por los álbumes ilustrados. Un abrazo desde Villena, casi vecinos.

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